Para hacer las piezas de vidrio metálico es necesario calentar el material hasta alcanzar su transición vítrea alrededor de 500 a 600ºC. El material se ablanda y se convierte en un líquido espeso, que puede ser moldeado y perfilado. En este líquido, los átomos tienden a organizarse de manera espontánea para formar cristales. Por lo tanto, es necesario enfriar rápidamente el material, para que se endurezca de nuevo antes de que los átomos formen cristales. Al evitar la cristalización, el material conserva su estructura amorfa que es lo que le da la resistencia.
El problema es que la cristalización de vidrios metálicos se produce muy rápidamente, a diferencia de la del plástico común y el vidrio, que puede durar horas.Los investigadores descubrieron que, siendo suficientemente rápidos, podían calentar el vidrio metálico hasta un estado líquido suficiente para poder inyectarlo en un molde donde se enfría sin cristalizar. Esto se realizó mediante una técnica conocida como calentamiento óhmico, en el que un impulso eléctrico provoca una energía superior a 1000J en aproximadamente 1 milisegundo, algo así como 1 MW de potencia. La pieza final se realiza en 10 ms.
La técnica se puso a prueba a escala de laboratorio, y por ahora solo produce piezas pequeñas. No obstante, los ingenieros planean desarrollar equipos para producir piezas más grandes.